jueves, 9 de julio de 2015

China a través del espejo, FV 9.7.2015



Espejos de China.                                                                           La moda entre oriente y occidente.                                                 El Metropolitan Museum de Nueva York, dedica una exposición a las relaciones entre oriente e occidente en la moda. Bajo el título, “China a través del espejo”, se exponen en el museo entorno a 140 trajes de alta costura y diseño de vanguardia de aires chinescos, junto a objetos de arte y textiles antiguos de procedencia china.                               Andrew Bolton, comisario de la muestra, describe lo que late en el ideario de la misma. Todo gira alrededor de la fantasía oriental u orientalismo. El conjunto de visiones idílicas creadas por los occidentales interpretando estéticas orientales. Un tipo de pastiche o amalgama plástica, basada en la alteridad subordinada. Es decir la invención de un escenario de ficción basado en la distorsión del  original por licencias poéticas.                                            Es pues, una visión a través del espejo, como en el cuento de Alicia de Lewis Carroll, donde la realidad es difusa, con las cosas del revés, pero encantadoras.                                                                           La porcelana blanca con dibujos azules es uno de los ámbitos donde transcurre la fascinación por oriente desde el siglo XVI. Tal fue el gusto por esta manufactura que se imitó en Meissen, Delft y Worcester. Era típico el paisaje en medallón del sauce, con pagoda, puente y tres personajes caminando con aperos. Este estampado es recogido por modistos como Roberto Cavalli, para crear vestidos de fantasía oriental.        La seda es otra manufactura que despierta fascinación en occidente desde los romanos. La mayor peculiaridad  en el campo de la moda es la existencia de una producción para el mercado interno chino y otra para la exportación. En la segunda los motivos de imprimación chinesca son ad hoc para el gusto occidental. Diríamos, ¡que eran motivos chinos más chinos que los de los propios chinos!                                                      Yves Saint Laurent, en su colección de alta costura de otoño invierno 1977, hizo un homenaje a un tiempo de elegancia y riqueza de leyenda oriental. Mezclando aires mongoles de Gengis Kan, con el estilo imperial de la dinastía Qing del siglo XIX. Tejidos brocados, sombreros cónicos, joyas de jade, estampados marinos, hombreras pagoda, sirvieron para crear una amalgama estética posmoderna. En esa fecha apareció en el mercado el perfume “Opium”.                                                                  Desde los años veinte, los modistos trasladaron la fascinación oriental a sus perfumes. Paul Poiret, creó “Nuit de Chine”. Jean Patou, editó “Joy”. Roger & Gallet, comercializaron “Le Jade”. Las Callot Soeurs, comercializaron “La fille du roi de Chine”. Modistos y perfumes, todos ellos presentes en la muestra.                               La caligrafía en China, tiene valor estético formal y poético literal. Fascinó así mismo a los modistos, en la muestra hay dos modelos de Christian Dior y Gabrielle Chanel, estampados con caligrafía china.                                                                                      El color rojo es seña de identidad de China. Tanto en los muebles Ming, como en la bandera, aparece este color. La casa de alta costura Valentino, en su colección “Manifesto” de 2013, hizo una presentación integral en variantes de rojo. Este color, había sido desde los años sesenta seña del modisto, y así aparece en la muestra.                               Otros préstamos de la fantasía oriental son los  propios vestidos. El traje imperial Manchú, con estampado de murciélagos, nubes, olas, montañas y dragones, se toma prestado entre otros por Tom Ford. El qipao, con silueta pegada al cuerpo, hombros cortos y escote lateral con botones, se emplea entre otros por John Galliano. El traje Mao, representación de la República Popular China, se abstrae por diversos creadores uniformando a occidente.
Vistiendo divas.                                                                                La muestra no oculta un interés por una visión cinematográfica o dramatizada de lo que se percibe como oriental. Los occidentales hacemos composición de lugar de una China milenaria por medio de arquetipos hipertrofiados congelados en el celuloide.                                        La actriz de los años treinta, de origen chino y nacida en Estados Unidos, Anna May Wong, aparece en la muestra como una de las modelos del estilo chino. Una especie de mujer fatal, o frágil, sofisticada y envuelta en sedas, maquillajes, pelucas y joyas. Otra actriz de la época es Hu Die. Quien aparece en las revistas de moda occidentales como icono de estilo oriental, llevando unas afrancesadas variaciones del qipao.                                                              La diseñadora china Guo Pei, toma elementos occidentales para hacer modelos orientales en la actualidad. En la muestra aparece un traje con crinolina inspirada en Napoleón III, pero con forma de flor de loto. Sus vestidos tienen, las horas de trabajo infinito de una época imperial china o austro-húngara. Una moda anacrónica, pero que centra el ojo de los medios de comunicación. No por menos el difundido traje amarillo con cola catedralicia que llevó la cantante Rihanna, en la inauguración de “China a través del espejo”, es un diseño de Guo Pei.

Román Padín Otero

China e as chinerías.                                                                          O Metropolitan Museum de Nova York, dedica unha exposición ás relacións entre oriente e occidente na moda. Baixo o título, “China a través do espello”, expóñense no museo entorno a 140 traxes de alta costura e deseño de vangarda de aires chineses, xunto a obxectos de arte e téxtiles antigos de procedencia china.                               Andrew Bolton, comisario da mostra, debulla o que latexa no ideario da mesma. Todo xira arredor da fantasía oriental ou orientalismo. O conxunto de visións idílicas creadas polos occidentais interpretando estéticas orientais. Un tipo de pastiche ou amalgama plástica, baseada na alteridade subordinada. É dicir a invención dun escenario de ficción baseado na distorsión do orixinal por licencias poéticas.     É daquela, unha visión a través do espello, como no conto de Alicia de Lewis Carroll, onde a realidade é difusa, coas cousas do revés, pero encantadoras.                                                                           A porcelana branca con debuxos azuis é un dos ámbitos onde transcorre a fascinación por oriente dende o século XVI. Tal foi o gusto por esta manufactura que foi imitada en Meissen, Delft e Worcester. Era típica a paisaxe en medallón do salgueiro, con pagoda, ponte e tres personaxes camiñando con apeiros. Este estampado é recolleito por modistos como Roberto Cavalli, para crear vestidos de fantasía oriental.                                                A seda é outra manufactura que esperta fascinación en occidente dende os romanos. A maior peculiaridade no eido da moda é a existencia dunha produción para o mercado interno chino e outra para a exportación. Na segunda os motivos de imprimación chinesa son ad hoc para o gusto occidental. Diríamos, ¡que eran motivos chinos máis chinos que os dos propios chinos!                                                      Yves Saint Laurent, na súa colección de alta costura de outono inverno 1977, fixo unha homenaxe a un tempo de elegancia e riqueza de lenda oriental. Mesturando aires mongois de Gengis Kan, co estilo imperial da dinastía Qing do século XIX. Tecidos brocados, chapeus cónicos, xoias de xade, estampados mariños, ombreiros pagoda, serviron para crear un amalgama estética posmoderna. Daquela apareceu no mercado o perfume “Opium”.                                                               Dende os anos vinte, os modistos trasladaron a fascinación oriental ós seus perfumes. Paul Poiret, creou “Nuit de Chine”. Jean Patou, editou “Joy”. Roger & Gallet, comercializaron “Le Jade”. As Callot Soeurs, comercializaron “La fille du roi de Chine”. Modistos e perfumes, todos eles presentes na mostra.                                         A caligrafía en China, ten valor estético formal e poético literal. Fascinou asemade ós modistos, na mostra hai dous modelos de Christian Dior e Gabrielle Chanel, estampados con caligrafía china. A cor vermella é sinal de identidade de China. Tanto nos mobles Ming, como na bandeira, aparece esta cor. A casa de alta costura Valentino, na súa colección “Manifesto” de 2013, fixo unha presentación integral en variantes de vermello. Esta cor, tiña sido dende os anos sesenta sinal do modisto, e así aparece na mostra.    Outros préstamos na fantasía oriental son os vestidos mesmos. O traxe imperial Manchú, con estampado de morcegos,nubeiros, ondas, montañas e dragóns, tómase prestado entre outros por Tom Ford. O qipao, con silueta pegada ó corpo, ombreiros curtos e escote lateral con botóns, emprégase entre outros por John Galliano. O traxe Mao, representación da República Popular China, abstraese por diversos creadores uniformando a occidente.
Divas e oriente.                                                                                        A mostra non oculta un interese por unha visión cinematográfica ou dramatizada do que se percebe como oriental. Os occidentais facemos composición de lugar dunha China milenaria por medio de arquetipos hipertrofiados conxelados no celuloide.                                        A actriz dos anos trina, de orixe china e nacida en Estados Unidos, Anna May Wong, aparece na mostra como una das modelos do estilo chino. Unha especie de muller fatal, ou fráxil, sofisticada e envolta en sedas, maquillaxes, perrucas e xoias. Outra actriz da época é Hu Die. Quen aparece nas revistas de moda occidentais como icona de estilo oriental, levando unas afrancesadas variacións do qipao.                                                      A deseñadora china Guo Pei, toma elementos occidentais para facer modelos orientais na actualidade. Na mostra aparece un traxe con crinolina inspirada en Napoleón III, pero con forma de flor do loto. Os seus vestidos teñen, as horas de traballo infinito dunha época imperial china ou austro-húngara. Unha moda anacrónica, pero que centra o ollo dos medios de comunicación. Non por menos o difundido traxe amarelo con cola catedralicia que levou a cantante Rihanna, na inauguración de “China a través do espello”, é un deseño de Guo Pei.
Román Padín Otero

viernes, 30 de enero de 2015

Moda romántica FV 29.1.15




La moda romántica                                                                          El museo municipal de La Haya en Holanda, Gemeentemuseum, presenta la exposición “ Modas románticas. El Señor Darcy se encuentra con Eline Vere”. En la que se hace un recorrido por los estilos, modas, accesorios e iconografía del inmenso siglo XIX.   

El Señor Darcy, es un personaje de la novela de Jane Austen, Orgullo y prejuicio, publicada en el 1813. Eline Vere, es una novela naturalista del escritor holandés Louis Couperus, publicada en el 1889. En la dirección artística de la muestra, se hace converger, el inicio y el fin del siglo. Con ropas y referencias de los universos literarios de Orgullo y prejuicio, Jane Eyre, Eline Vere y Downtown Abbey. Presentando además instalaciones específicas textiles contemporáneas inspiradas en el período de referencia y documentación que contextualiza la moda de una época. 
                                                                                   
El siglo XIX es grande en acontecimientos y cambios sociales, políticos, técnicos y culturales. Todos ellos factores que contribuyen a hacer de las modas de esa época, un crisol de pujanza social con el fin del Ancien Régime y la incorporación social notoria de la burguesía y el proletariado. Convirtiendo la moda, en un argumento de participación social y no solo un factor de representación estamental.                                                                            
Es  un siglo post revolucionario agitador de la conciencia política que incorpora nuevas formas de gobierno. Trasladando a la moda la representación de las nuevas instituciones.                                                                                     
La máquina de vapor, aplicada a las fábricas de tejidos y a los sistemas de transporte ferroviario y marítimo, revoluciona las manufacturas y las comunicaciones. Desarrollando en el campo de la moda, la producción en serie y el comercio masivo.                                                  
La cultura romántica, agita los sentimientos humanos, invita al amor, al viaje, a la experimentación. Eleva la ciencia, la literatura, la pintura y la música, a nuevas cotas de creatividad. Poniendo en valor la inmensidad de la naturaleza frente a la proporción del ser humano. Y poniendo en valor así mismo, la inmensidad de la masa de gentes en el anonimato de las grandes ciudades. Los grandes almacenes, las grandes salas de conciertos y exposiciones universales, estaciones de trenes, y grandes puertos, se convierten en los lugares donde ver y ser visto. La moda, signo de los tiempos en la era industrial, refleja todos esos cambios, en su apariencia.                                     
El inicio del siglo está vestido, por la moda imperio. Inspirada en el vestido camisa y en la vuelta a la naturaleza ilustrada y del clasicismo grecolatino. Cambia la silueta femenina subiendo el talle y usando tejidos ligeros. Para tapar el frío se ponen de moda los chales de cachemira. El algodón y la lana son los materiales más empleados. Relegando la seda para los trajes oficiales.                                                                      
 En la década de los veinte, la moda romántica, incorpora nuevamente el corsé, la ropa interior para crear volumen en las faldas, las mangas jamón, los sombreros muy adornados, y las referencias regionalistas e historicistas de gran contenido épico.        En los caballeros, los sombreros altos, cinturas estrechas, los redingotes o abrigos largos en gamas de grises y negros eran lo más notorio.                                                  
A partir de la década de los cincuenta, con el Segundo Imperio francés y el reinado de Isabel II en España, llega la época de las crinolinas. Esas faldas como corolas de flores que fingían a las mujeres flotar en vez de caminar. En esa época con Charles Frederick Worth, aparece la alta costura, y el creador modisto. En cuanto a los hombres el rigor del negro era imperante en el traje de tres piezas, dejando los colores para los atavíos militares.                                                              
Después aparece el polisón, esa especie de bombo en la espalda de las faldas que reduce el volumen de la silueta y que evolucionaría hacia la llamada silueta en “S” del fin de siglo, donde las faldas eran así mismo tubulares.                                                                         
Unas modas diversas que ocuparon grandes bloques del siglo XIX, y que en conjunto llamamos románticas, cubriendo desde el estilo imperio hasta la belle époque.              

Mitos y arquetipos                                                                        Como quiera que parece difícil imaginar la moda a través de un texto periodístico, es práctico referir una selección de arquetipos del siglo XIX que ayuden a imaginar esas modas.                                                                             
Arranca el siglo con la moda neoclásica o imperio. De referencia en este estilo son los retratos de Josefina de Beauharnais, la mujer de Napoleón Bonaparte, realizados por Jacques-Louis David.                                                       
Los retratos de Luís de Madrazo, de damas pálidas con penados con raya al medio y trajes con escote amplio y tejidos con caída, son un referente de la imagen romántica. Es el estilo de La dama de las camelias, la novela de Alejandro Dumas, hijo. Lucía de Lammermoor, personaje principal de la ópera de Gaetano Donizetti, inspirado en la novela homónima de Sir Walter Scott, es la representación melodramática de esa moda romántica.                                                                              
Las crinolinas, aparecen en los retratos de Isabel II realizados por Francisco Xavier de Winterhalter. O en las imágenes que nos quedan del mismo artista de Isabel de Bavaria, la emperatriz Sissi, y de la emperatriz de los franceses,  Eugenia de Montijo.                                                                                        
El polisón aparece modernamente representado en el célebre cuadro puntillista de Georges Seurat, “Tarde de verano en la Isla de la Grande Jatte”.                                                                   
No por final, menos importante, la silueta en “S”, es esa célebre que conocemos de la Bella Otero, retratada con pecho de paloma y cintura estrecha. Y aparece también esa silueta en innumerables retratos firmados por el italiano Boldini.                                                                                  
Román Padín Otero            

jueves, 11 de diciembre de 2014

Hubert de Givenchy, FV 11-12-2014




Hubert de Givenchy
O museo Thyssen-Bornemisza de Madrid, está a dedicar unha exposición ó modisto Hubert de Givenchy. Trátase dunha monográfica, a primeira que ten por suxeito ó creador francés. Sendo asemade a primeira incursión, no eido da moda da pinacoteca.                                                                                            A exposición é un proxecto do propio modisto, comisariado por Eloy Martínez de la Pera. Trátase daquela dunha mirada única a unha selección dos modelos do creador, dirixida por quen estivo ó frente da maison Givenchy entre 1952 e 1996, o propio couturier.                                                                      En torno a un cento de traxes e accesorios teñen sido elixidos para esta visión retrospectiva. Na que os vestidos de Hubert de Givenchy, póñense en diálogo con obras de arte dos fondos da colección Thyssen-Bornemisza.                                                                            O modisto, nado en 1927 en Beauvais, cursou estudos de Belas Artes en París. E durante unha tempada estudou dereito. Traballou para Jacques Fath entre 1945 e 1946. Entre 1946 e 1948 traballou para Robert Piguet. E para Lucien Lelong entre 1948 e 1949. Logo de pasar unha tempada na casa Elsa Schiaparelli, abriu a súa propia casa no ano 1952.                                                                               Cunha idea innovadora da alta costura para a época, incorporou prendas intercambiables, como camisas e saias, de materiais cotiás como o algodón, para servir de referente ó novo estilo que tentaba imprimir co seu salón e taller. A blusa Bettina,  chamada así en homenaxe á famosa modelo Bettina Grazziani, de algodón con forma de camiseiro abotoado no peito e mangas amplas destacadas con bordado inglés, foi a prenda icónica dos inicios en solitario do modisto. Esas coleccións chamáronse “Separates”, e parece que foron caviladas cando o modisto estaba aínda en Schiaparelli, con vocación de imprimir modernidade na costura. Sendo unha idea, antecedente do que logo serían as liñas de listo para levar do modisto. Hubert de Givenchy, desenrolou unha monumental produción noutros eidos da moda, como os traxes de cerimonia, cóctel, festa, de noite e de gala. Caracterizándose polas formas simples, arquitectónicas, os volumes graciosos. E os baixos, costas, cinturas, escotes, mangas, ombreiros, subliñados por pequenos detalles que abranguen dende os volantes, e os bordados, até as flores ou fantasías.                                                                            As siluetas saco e trapecio, foron características durante os anos cincuenta. A referencia á cor negra. É tamén característica desta década. Os conxuntos de festa cunha americana ou chaqueta de escote caixa, con bordados ou cores vivos e tecidos suntuosos, combinadas con saias de gala con gran volume. Saias rectas ou pantalóns de vestir, foro icónicos do estilo do costureiro en décadas seguintes.                                                                                                                         Son moitas as celebridades que se contan entre as clientas e musas do deseñador. A primeira de todas ela, Audrey Hepburn, a quen viste toda unha vida, dentro e fora da escena. Tamén Jacqueline Kennedy, a princesa Carolina de Mónaco, ou Wallis Simpson, duquesa de Windsor, foron algunhas das súas célebres clientas.                                                                                             As propias palabras do creador, explican o ámbito no que se forxa o seu espírito elegante e señorial, que trasladado ó seu traballo na moda, produciu un universo de rotunda opulencia e lóxica beleza, para vestir unha época de formas e gustos xa esvaecidos. A colección de tecidos do seu avó e o posto que este cabaleiro tiña, de administrador dos Tapices de Beauvais, serviron de ámbito no que alimentar o seu interese estético. Logo as artes serían sempre o enderezo do creador que traballou por facer unha das páxinas axiais da historia da moda. 
                                  Amigas e musas                                                                          
A relación de Hubert de Givenchy con Audrey Hepburn, foi grande dentro e fora das pantallas do cinema. O estilo Sabrina, tomado fo filme homónimo, xurdiu da xuntanza da musa Hepburn e o pigmalión Givenchy.                                                                                         Vacacións en Roma, valeulle o Óscar á actriz no ano 1954, o vestiario da película levado por Audrey Hepburn era creación de Hubert de Givenchy. E para a gala dos Oscars, creou unha variación dun traxe de noite do film.                     En Unha cara con anxo, tamén Miss Hepburn, levaba unha panoplia variada de conxuntos de Monsieur Givenchy, con aquel palabra de honor inesquecible baixando polas escaleiras do Louvre coa Victoria de Samotracia ó fondo da escena.                                                                                                                                 En Charada, os modelos de Givenchy van dende un conxunto de esquí cun pullover de pel. Até uns abriguiños caixa con sombreiro a xogo. Pasando por un pequeno vestido negro de escote redondo e manga sisa, adornado con pedrería na cadeira e rematado cunha simple chaqueta a xogo.                                                                                                    Baseada na novela de Truman Capote, a película Almorzo en Tiffany´s, viste asemade a unha sofisticada á vez que esencial Hepburn. Os modelos de Givenchy son daquela, un pequeno vestido sinxelo con enorme pamela a xogo. O lexendario fourreau negro con escote nas costas en forma de torque. E como non abriguiño vermello con pescozo caixa e botóns grandes                                                           Non foi a Hepburn, a única musa do modisto, mais foi sen dúbida a que máis popularizou os modelos do creador. A alta costura de seu recluída nos salóns das elegantes das avenidas parisinas, tomou con Audrey Hepburn unha natureza de vestiario de escena para o celuloide. Algo que aconteceu ás veces, pero non con moita frecuencia. Pois na época dourada do cinema eran os estudios de Hollywood quen contaban cos deseñadores e xastres propios. Que creaban estilos específicos para as grandes divas ou adaptaban estilos de París para proxectos específicos. Ou nas veces que os modistos de París eran invitados a deseñar para os estudos, a praxis ven demostrar que eran maridaxes curtos e de cotío pouco cómodos para as partes. No caso de Hubert de Givenchy  con Audrey Hepburn, a época dourada do cinema vense encontrar coa época dourada da alta costura. Un súmmum de dúas artes moitas veces consideradas menores, a moda e o cinema.

Román Padín Otero

jueves, 30 de octubre de 2014

Danza e moda, FV 30.10.2014





Danza e moda
O Museo do Fashion Institute of Technology (FIT) en Nova York, dedica unha exposición á relación entre a moda e a danza. Baixo o título “Dance & Fashion”, expóñense entre o 13 de setembro deste ano e o 3 de xaneiro de 2015,  un cento de traxes de baile ou inspirados polo baile. Abranguendo un espazo temporal que vai, dende o inicio do século XIX até os nosos días.
É unha mostra organizada pola dirección do museo, Dr. Valerie Steele, que conta cunha efectista posta en escena do estudo de arquitectura Kim Ackert. Acompañando á exposición tense publicado un catálogo de varios autores na editorial Yale University Press.
O FIT, é unha das principais institucións públicas da cidade de Nova York. É unha escola de altos estudos en deseño, moda, arte, comunicacións e negocios. Que conta entre os seus servizos cun museo. Unha institución museística, onde se mostran de xeito rigoroso e innovador, pezas relacionadas co vestido e os seus ámbitos veciños. Arte e moda, son unha constante no Museo do FIT.  As exposicións de moda deste museo conforman, xunta as do Metropolitan Museum, acontecementos de referencia na axenda cultural americana.
Tamén o ballet e a danza en Estados Unidos, e especialmente en Nova York, son elementos axiais da axenda cultural. A cidade dos rascacelos é sede do American Ballet Theater, New York City Ballet, Alvin Ailey American Dance Theater, Martha Graham Dance Company, Merce Cunningham Dance Company, Dance Theatre of Harlem…agrupacións para as que se teñen creado egrexios vestiarios, algúns dos cales engrosan os fondos desta exposición temporal.
O período romántico sirve de introdución á mostra, con traxes da década dos trinta do século XIX. Os volátiles traxes de gasa e as cores suaves son as iconas da época. O gusto polos exotismos da época veñen representados por traxes de estilo “español”, evocadores dos contos da Alhambra e outras Cármenes. Nesta sección atopamos un modelo deseñado polo célebre escenógrafo, decorador e debuxante, Christian Bérard, quen fora alma mater do teatro en Francia nas primeiras décadas do século XX.
A influencia dos Ballets Russes, a compañía de ballet do empresario Diaghilev, foi definitiva na escena cultural e na moda da época da súa vixencia. Entre 1909 e 1929, o gusto cedeu ó orientalismo divulgado pola compañía rusa. Paul Poiret, creou pantalóns á turca ou turbantes inspirados nos traxes de escena da compañía. Os deseños de León Bakst para Schéhérazade de 1910, están na mostra. A pegada dos ballets rusos durou no tempo, e o propio Yves Saint Laurent, creou en 1976 a colección chamada dos Ballets Russes, con importantes brocados, aplicacións de marta, visón e raposo, tafetás e sedas. Traxes de Ungaro, corpiños levados por Rudolf Nureyev e Mikhail Baryshnikov, completan o leitmotiv ruso da mostra.
A moda inflúe nos traxes de ballet e acontece ó inverso asemade. Christian Dior creara un vestido inspirado no cisne negro. E para “Simphony in C”, Marc Happel, creou traxes inspirados no propio Dior e no mestre Balenciaga. Outras voltas son os modistos quen prestan o seu icónico estilo para a escena danzística. Yves Saint Laurent, Ricardo Tisci para Givenchy, Christian Lacroix, Jean-Paul Gaultier , Valentino, Prabal Gurung, Giles Mendel. Olivier Theyskens, Rodarte, Iris van Herpen, son algúns dos modistos cuxa apartación á escena está representada na mostra. En calquera dirección, danza e moda, conxuntamente crean un novum, unha novidade estética singular.
Coreografías e traxes
As coreografías de Martha Graham, teñen unha natureza consustancial cos traxes empregados polos bailaríns. Hai movementos subliñados ou esvaecidos, por saias ou capas, de xeito que coreografía e traxe forman un todo. A propia Martha Graham deseñaba algúns deles. E na mostra, exponse un dos traxes creados por Halston para a compañía.
O estilo de deseño de vangarda, aparece nos traxes para a escena creados por Narciso Rodríguez para Morphoses. Rei Kawakubo para o ballet de Merce Cunningham, Scenario. Desta volta, o minimalismo do primeiro e a invención de formas expresionistas da segunda, fanse notar nas respectivas creacións escenográficas.
O gusto polo chamado estilo español, aparece por segunda volta na mostra. Con traxes de Balenciaga, Elsa Schiaparelli, Jeanne Paquin, Óscar de la Renta e Ralph Lauren, que traen a colación dun xeito ou outro, a teima ecuestre ou de volantes e flores, arquetípica do estilo andaluz, que resulta recorrente dentro e fora da escena polos deseñadores.
Outras teimas de corte etnográfico, son tamén motivo de inspiración nas modas e nos escenarios. África inspira ó moi innovador deseñador Rick Owens, quen fai das formas tribais un emblema. Facendo un aporte de máxima vangarda á mostra, pois Rick Owens, ven sendo a máxima singularidade estética das pasarelas internacionais nas derradeiras tempadas.
Completan a mostra do FIT, un conxunto de fotografías, vídeos e documentais que reflicten o universo creativo de pigmalións e crisálidas que é a maridaxe da moda coa danza.

Román Padín Otero   

jueves, 16 de octubre de 2014

The future of fashion is now, FV 16.10.2014



O futuro da moda é agora
No museo Boijmans van Beuningen de Róterdam, estase a expor unha mostra sobre a situación actual do sistema da moda. Baixo o nome “The future of fashion is now”, entre o 11 de outubro e o 18 de xaneiro, pódese visitar esta exposición de “tese” sobre o contido e o sentido da moda. No ano 2009, este museo Boijmans, que é o epicentro do deseño de moda dende Holanda, organizou a mostra “The art of fashion”, na que se expuña unha colectividade de propostas que mesturaban arte e moda. Foi aquela unha selección de traballos icónicos de deseñadores principais da escena internacional da moda de vangarda.    
Arestora o museo Boijmans, propón unha viaxe ó redor do mundo coa moda máis innovadora. Na que se analiza o xeito no que compre afrontar o traballo feito polos deseñadores novos e na que se estuda o rol da roupa na sociedade contemporánea. París xa non é o único centro da moda, e deseñadores chegados doutras localizacións fora de Europa ou de países limítrofes, onde tamén se fai creación téxtil actualmente, puxan para facer trocos na vestimenta. Estes creadores aportan novas estéticas e utilidades que son incorporadas como vangarda.                                                                                                      
Nos 1.500 metros de exposición, móstranse prendas, vídeos, accesorios e instalacións que tratan da concepción dun novo sistema da moda con estética iconoclasta. Cuestionando teimas como a necesidade dun troco de vestiario cada seis meses o que ven sendo o calendario actual dos desfiles e coleccións. Cuestionando que se manteñan criterios estéticos previos xa coñecidos. Cuestionando aínda a utilidade das vellas ou as novas tecnoloxías na manufactura de roupa onde aparecen novas funcións nas prendas textiles.
A estrutura de mostra e complexa, contando non soamente coas prendas exhibidas, mais tamén cun xurado internacional para seleccionar novos talentos. Unha web onde se pode seguir o traballo en curso de varios proxectos encargados ad hoc e un debate on line sobre extremos varios da cuestión do vestido en distintos campos na actualidade.                                                                         
Os novos deseñadores aportan solucións no ámbito da arte e a moda. Traballan en torno da sostenibilidade e poñen en dúbida o valor social da roupa. ¿Pode a roupa cumprir unha función creativa fora da utilidade? ¿pode a roupa servir de alegado político? Son algunhas das interesantes preguntas ás que busca dar resposta esta exposición.                                                      
Son máis de cincuenta deseñadores internacionais convocados, uns consagrados e outros, a maioría, descoñecidos. As proposta dos famosos Viktor & Rolf, é un xardín zen no que se cavila o xeito de alcanzar un comportamento espiritual. A oriental Wang Lei, propón traxes tradicionais feitos con papel hixiénico tricotado. Dende o Reino Unido, Carole Collet, explora materiais sostibles no seu experimento de lazos que crecen de plantas de fresas. Piyuupiru, investigan dende Xapón en materiais tecidos. E Pauline van Dongen no seu “wearable solar project”, estuda avances tecnolóxicos en relación da moda coa enerxía. Outros deseñadores presentes como Iris van Herpen, aporta a súa excelencia, recoñecida pola Cámara Sindical da alta costura, onde desfila como invitada, propoñendo novas formas marabillosas. Novos materiais que sorprenden favorablemente. E as súas esculturas para vestir que son froito de intelixentes colaboracións interdisciplinares. Ela é un deses casos nos que a nova moda de vangarda é moito mellor que a clásica moda tradicional. Un deses casos nos que o novo non deixa espazo á nostalxia e ten carácter de obra de arte e non de experimento bocetístico.                                                       
Están tamén os sombreiros de Christophe Coppens. As deconstrucións de Comme des Garçons. A mestura de arquitectura, arte, política, natureza e escultura de Hussein Chalayan e a moda para snobs de Maison Martin Margiela. Una exposición da moda de agora que mostra o que é a moda de despois.

Moda e filosofía                                                                    
A función dunha exposición desta natureza non é soamente mostrar traballos que mais ou menos epaten ó burgués e admiren ás vítimas da moda. Se non que é, sobre todo, un medio para reflexionar sobre os fundamentos teóricos e filosóficos que xustifican os trocos do aspecto. A imaxe ,tanto vestida como espida, encontra xustificación semiótica nun conxunto de principios que rexen o espírito da moda en cada época.                                                                           Arestora en plena hipermodernidade, as cuestións tópicas de tertulias de programas de máxima audiencia ou de señoras en perruquerías ou de homes en ximnasios, sobre a elegancia ou a sensualidade. Ou sobre a figura escultórica dunha noiva ou hercúlea dun porteiro, non son a única teima da teoría da moda. Os nosos tempos non son elegantes ou protocolarios. Hoxe non hai cinco tipos distintos de traxe para cinco momentos do día. Nin a xente común se comporta con refinamento estudado. Hoxe ó tempo é de cuestións prácticas, utilidades e realidade.          
Por isto, unha parte das exposicións de moda non estudan as virtudes dos grandes couturiers, nin a elegancia do perfecto cabaleiro, nin a historicidade dunha época. Mostras como a do museo Boijmans, trata da realidade da contemporaneidade. Así na web da exposición, pódese seguir un debate on line no que se discuten teimas varias, que están incardinadas no motivo derradeiro da mostra.    O consumismo e a moda, a sostenibilidade, a identidade e a moda, son algunhas das teimas en discusión. Tamén a maneira de tratar o mercado, con apoio no sistema ou baseándose na intuición, as marcas ou as persoas, ocupan outra parte dos debates. En fin a fantasía na moda, a forma do corpo nos nosos tempos ou as estéticas inmediatas, é dicir aquelas que dominan unha tempada pero que logo non deixan pegada, son algúns dos temas que se discuten para fortalecer un novo sistema da moda concibido polos deseñadores máis novos. Aqueles que teñen o pulso do tempo actual.


Román Padín Otero